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No existe responsabilidad cuando el suicidio es imprevisible

El Juzgado de lo Contencioso-Administrativo nº 1 de Santander ha dictado recientemente una sentencia por la que desestima la existencia de responsabilidad del Servicio Cántabro de Salud por el suicidio de un paciente ingresado en un centro psiquiátrico.

La Sentencia, estima los argumentos esgrimidos tanto por la administración como por Asjusa Abogados, que ostentaba la defensa de los intereses de la aseguradora de la administración, y determina que, en este caso, el suicidio no era previsible, lo que hace que el daño no revista de la nota de antijuridicidad.

El Fallo aplica la doctrina jurisprudencial establecida por el Tribunal Supremo, entre otras en su Sentencia de 21 de marzo de 2017 (RJ 2007\2642)  , donde se establece como requisito fundamental “para determinar si procede apreciar tal responsabilidad patrimonial, es necesario en primer lugar analizar si el suicidio resultaba o no previsible a la vista de los antecedentes del paciente”.

El Juzgador, considera que no existió valoración errónea a la hora de valorar el riesgo suicida y que éste debe analizarse sobre la base de “las pruebas médicas sobre los indicios y factores de riesgo, las decisiones sobre la medicación y la valoración del estado del paciente”

Asimismo, la sentencia destaca por analizar la problemática de los pacientes psiquiátricos ingresados en centros cerrados y el enfrentamiento que existe con la dignidad de la persona, estableciendo la Sentencia: “Como explicó el perito, la única forma de asegurar que no habrá suicidio es la restricción total de libertad (atar al paciente, en habitación cerrada monitorizada o sedarlo). Esto, sin embrago, atenta contra la dignidad si no es acorde al estado médico. La finalidad del tratamiento psiquiátrico no es única y exclusivamente, como parecer dar a entender la parte actora, evitar un posible suicidio (posibilidad que en abstracto no es exclusiva de pac¡entes psiquiátricos). Es tratar a un paciente de su enfermedad para al recuperación. Y con este objetivo, deben ponderarse las medidas, especialmente las más restrictivas, frente a los riesgos. Por ello, lo que procede ahora es valorar el juicio pronóstico de comportamiento futuro del paciente que se ha hecho y ver si hubo error o no. Pero no se puede sostener una responsabilidad objetiva por el resultado porque el acto médico no consiste en evitar suicidio a toda costa. Este planteamiento llevaría a actuaciones médicas defensivas y desmesuradas”.

Finalmente, destaca porque analiza la existencia de unas tuberías en la habitación y que fue el objeto utilizado para perpetrar el suicidio.

Respecto a la existencia de objetos que pueden favorecer el suicidio, la sentencia es contundente al considerar: “la presencia de tuberías al aire, no ha incidido no en la ideación, en el surgimiento de la idea de suicidio, ni tiene nada que ver con la praxis médica a la hora de valorar la actuación realizada. Ha incidido en la forma concreta de actuación del sujeto. Pero lo mismo podría decirse del uso de la bata o del taburete (podría ahorcarse en la misma cama o cualquier punto de apoyo) . Es decir, de nuevo, es un problema de qué medidas restrictivas de libertad y movimientos se debían adoptar en ponderación con los riesgos reales que deberían haberse detectado. Así, con independencia de que sea o no adecuada la presencia de esas tuberías, solo sería un factor causal y una infracción de norma de cuidado si se trata de un paciente de riesgo”.

En consecuencia, a la hora de analizar la existencia o no de responsabilidad en los supuestos de suicidio, es necesario valorar la previsibilidad del acto en base a la situación del paciente constatado en la Historia Clínica.

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